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Quirón: el camino del discipulado.


 
 
 
 
 
 
 

Haremos un recorrido general por el simbolismo de este cuerpo del Sistema Solar, relativamente nuevo para la Astrología. Fue descubierto en 1977, e inicialmente hubo dudas acerca de qué categoría darle, porque tiene una órbita regular como un planeta, situada entre Saturno y Urano, pero por su tamaño reducido podría considerarse un asteroide, o un cometa... desde el comienzo, tenemos entonces una característica ambivalente que no permite darle el rango de planeta 'clásico', como a los otros que integran el Sistema Solar y que utilizamos en Astrología.

Un reflejo de esta situación puede observarse en la actitud de los astrólogos, que inicialmente nos mostramos renuentes a incorporarlo como un elemento más dentro del conjunto planetario. En parte, por supuesto, esto se debe a su aparición reciente en el cielo, que implica un proceso significante y de descubrimiento gradual de sus características. Igualmente, de esto podemos deducir una interesante cuestión: desde el comienzo mismo, Quirón plantea problemas que deberemos dilucidar, sin contar en principio con los argumentos y herramientas suficientes, lo cual implica superar resistencias para destrabar y resolver lo que se nos aparece como una complicación no deseada, ni esperada.

Mitológicamente, Quirón es un centauro que fue negado y abandonado por sus progenitores debido a su condición dual, entre antropomórfica y animal. En la mitología griega, los centauros tienen una connotación fuertemente instintiva, lasciva, descontrolada en ocasiones. Pero Quirón, a pesar de tener esa misma naturaleza, fue educado, recibiendo muchos conocimientos que equilibraron ese costado de desenfreno, hasta convertirse en un sabio de la astrología, las matemáticas, el uso de armas y la caza, la música y la filosofía.

Sin embargo, sus conocimientos no fueron suficientes cuando una flecha envenenada disparada por Hércules lo hirió. Se dedicó entonces a estudiar y buscar la cura a esa herida, y aunque no la encontró, profundizó aún más su sabiduría, ahora en el arte de la curación, que luego practicó y enseñó a otros, entre ellos Asclepio (Esculapio), considerado por los griegos el padre de la medicina.

De este modo, podemos ver que Quirón tiene relación con el mejoramiento constante a partir de la dificultad, y eso es lo que indica su posición en la carta. Como era inmortal, llevó consigo el dolor de esa herida hasta que renunció a su condición de dios para liberar a Prometeo, que había sido castigado eternamente por robar el fuego de los dioses, encadenado a una piedra. Al transformarse en mortal, el veneno de la herida terminó con su vida, pero después su inmortalidad le fue devuelta por Zeus, que convirtió su cuerpo en estrellas, las que conformaron la constelación del Centauro.

Es un bello relato, sin dudas, en él se mezclan lo doloroso, el conocimiento y la sensibilización ante la inevitabilidad de las limitaciones terrenas, que al ser reconocidas, abren espacios de contemplación ante lo trascendente. Es decir, hay un cruce entre lo que consideramos humano, terrenal, y aquello que está más allá, innombrable en un punto. Las heridas, el dolor y las dificultades cumplen dos funciones: la de ubicarnos y asumirnos como seres imperfectos, y la de abrirnos a lo inconmensurable que nos contiene en nuestra condición humana y perfectible. Este simbolismo de contacto entre Cielo y Tierra, con su cuota de misterio, latencia y aceptación, nos recuerda a Virgo, el signo al que puede atribuirse la regencia de Quirón, según la consideración actual de muchos astrólogos.

El lugar que ocupa Quirón en la carta estará indicando la necesidad de superación de dificultades, porque lo que hago no me sale del todo bien, o mis conocimientos y capacidades no son suficientes para llegar a comprender o desplegar correctamente cierta cualidad; señala entonces un punto de inicio de búsquedas internas y concretas. Con este planeta se puede aplicar muy bien la percepción de sentido de oportunidad que representa cualquier crisis.

Desde otro ángulo, representa un punto de crisis entre lo que consideramos 'espiritual' y lo mundano, especialmente a través del cuerpo físico. Con Quirón frecuentemente hay cuestiones con lo corporal, la salud, la sexualidad, que se evidencian en disfunciones que no podemos dejar pasar por alto, y que nos obligan a situarnos en dimensiones concretas, imperfectas, que nos bajan de los anhelos existenciales de perfección. Es decir que conlleva la presencia de heridas que deberemos sanar, como el centauro, hasta hacer contacto con nuestra finitud, nuestras zonas erróneas, y aceptarlas para resolverlas. En cierto sentido, es un golpe al ego, nos saca de todo engrandecimiento o exaltación personal.

Y también significa tener que reconocer nuestro lado institntivo, animal, si venimos instalados en creencias o ideales generadores de falsas divisiones entre mundos 'superiores e inferiores'. O sea que la vibración quironiana lleva a unificar escisiones psíquicas, a través de experiencias de mejoramiento, curación o resolución de dificultades. Allí donde se encuentra, nos convertimos en discípulos de crisis que nos empujan a la reparación de errores, al resarcimiento.

Es por eso que si está destacado en una carta, puede ser indicador de personas dedicadas a curar a otros, en planos físicos, emocionales o psíquicos. Los quironianos son como centauros ayudando y entregando lo que saben a los demás; su sabiduría proviene de los remedios dados a sus propios problemas. Es decir, se aprende a ser curador transitando las experiencias correspondientes, con lo conceptual o lo espiritual no alcanza; si puedo vendar las heridas de otros, es porque primero comencé conmigo mismo...

No podemos anhelar o estar siempre 'cerca del Cielo', cualquiera sea la manera en que lo busquemos, olvidando nuestra condición humana. El cuerpo, los instintos, las emociones y la salud se convierten en maestros que poco a poco enseñarán a disolver modos de dividir y calificar situaciones de vida como correctas o incorrectas. Lo defectuoso o incompleto forma parte de nuestra naturaleza, el trabajo consiste en aceptar cuánto nos enseñan los impedimentos, qué nuevas cosas podemos aprender con ellos, o qué debemos desarrollar para hacer más eficiente algo que no nos sale de manera fluida. Es evidente que desde posturas egocéntricas o comparativas, lo más probable es que quedemos atrapados en la sensación de minusvalía.

En consecuencia, Quirón también implica resignificaciones espirituales; si no me sensibilizo frente a los problemas, voy a creer que la vida me castiga porque estoy enfermo, vivo experiencias dolorosas o me cuesta aprender cierta disciplina o actividad. Es energía de mejoramiento personal, pero más allá del ego y sus deseos, porque impulsa a desarrollar actitudes serviciales a partir de aprendizajes y reparaciones individuales.

Profundamente, toda crisis personal esconde respuestas que finalmente compartiremos con los demás, esa es la maestría quironiana. Aquello que enmendamos en nosotros mismos, luego servirá a otros. Como en el mito, las instancias dolorosas o sufrientes nos acercan a las estrellas a través de la compasión y la humilde entrega, que sólo busca ayudar al resonar con las dificultades ajenas.

Carlos H. Abril 2007.-



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