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Quirón y Neptuno en Piscis, o la paz de las almas.


 
 
 
 
 
 
 

Neptuno en Piscis amplifica enormemente nuestra visión de las cosas, expande la conciencia, permite descubrir otras dimensiones de lo real, es como una antena supersensible que ha comenzado a activarse en este 2011. Y para funcionar requiere distensión, nos relaja hasta disolvernos, es condición necesaria cuando la receptividad es máxima. Los problemas aparecen cuando vivimos esa gran distensión como estado absoluto, perfecto, inalterable, esa es la raíz de todas las ideas, emociones y anhelos que nos disocian del mundo. Podemos creernos felices mientras flotamos inertes en el mar, pero la plenitud neptuniana - pisciana tiene otra profundidad, implica navegar o sumergirse en aguas oceánicas inabarcables, pero vitalmente receptivos a sus señales y movimientos. El silencio del alma no es un estado de absoluta calma, es la contemplación participante de todo el oleaje de la existencia.

Una cosa es la paz que tiene que ver con nuestra idea de paz, y otra muy diferente es aquella paz que aflora en el reconocimiento de lo que somos. La paz no es un estado de calma absoluta, no es un paraíso inalterable ni un lago cuyas aguas nunca se encrespan. Si hablamos de paz, tenemos que entender que no se trata de una búsqueda en pos de un resultado, no es un objetivo al que se llega descartando ciertas partes de nosotros mismos. Todo lo contrario, la paz llega cuando empezamos a abrirnos y a incluir nuestras propias contradicciones, la actitud de comenzar a abarcar y convivir con nuestros lados contradictorios es un buen indicio de madurez. Así, la paz no es un refugio en estados paradisíacos, esa búsqueda proviene de nuestra emocionalidad y de nuestros ideales, pero el éxtasis emocional y las ideas de perfección nunca nos acercarán a la paz. En vez de ello, frente al presente del mundo nos convertimos en seres intolerantes, turbulentos, y el amor espera…

Un ejemplo astrológico: si en lo que soy hay una importante porción de energía agresiva, asertiva, deseante, y casualmente nací bajo el signo de Aries, el único camino de pacificación interna se dará en la expresión frontal de esas cualidades, de nada me va a servir pensar en la paz, si trato de tranquilizarme solamente voy a generar más conflicto, voy a estar viviendo a contrapelo de mí mismo, y esta fragmentación será un factor desencadenante de desorden psíquico, físico, emocional, y de destino compensatorio. Cada energía aprende desde su propia cualidad, eso es lo que debe procesar nuestra conciencia. Escorpio aprende desde la intensidad escorpiana, Capricornio lo hace desde el contacto con el límite, Venus se expresa en la apertura vincular, etc. Ninguno de estos procesos admite la interferencia de nuestros ideales, por más elevados que creamos que sean. Cualquier teoría o idea acerca de la armonía tanto interna como del mundo, no nos servirá para nada si están disociadas de la realidad y de lo que somos.

Podemos ser muy fervientes y apasionados con nuestras ideologías o creencias, podemos tener ideas religiosas, ambientalistas, políticas o científicas, pero si ninguna de ellas se articula verdaderamente en la comprensión de lo que somos y de la realidad misma, se convierten en paraísos perdidos que anhelamos reencontrar. Cuando se refuerzan nuestros ideales, nuestros anhelos de perfección, comenzamos a mirar a las cosas y a las personas desde el 'cómo deberían ser', ahí arrancan las distorsiones, el distanciamiento de lo real, la falta de aceptación y comprensión. Y la verdadera sensibilidad comprensiva no se articula en anhelos de lo que debería ser el mundo, sino en la mirada abierta y receptiva a 'lo que es'. El planeta es hoy lo que es, con sus maravillas y sus miserias, la humanidad es lo que somos cada uno, con nuestras virtudes y defectos.

Las contradicciones nos hacen crecer, porque requieren que nos esforcemos en incluir lo que parece antagónico, irreconciliable. Y cuando empezamos a reconciliar y a unir partes internas, dejamos de proyectar nuestra fragmentación en el afuera. Esto es pacificación, es armonización a partir de lo que soy, no de lo que pienso que debería ser. Al dar ese paso, se acallan la críticas, baja la conflictividad con el costado malo o negativo de la realidad, cambia el ángulo desde el que miro las cosas, crece la aceptación amorosa de lo que es, incluyendo lo doloroso, lo menos resuelto de la existencia.

El hechizo de Neptuno en Piscis es aquel que nos sumerge en paraísos desencarnados, en 'estados flotantes' de absoluta fascinación alejada de toda vicisitud mundanal. Mente y emoción son desbordadas, quedamos dominados por ideas absolutistas, incapaces de vivenciar procesos de perdón y sanación, de transformación inclusiva de lo que es, de reciclado energético de partes oscuras, inexploradas. En este marco, lo que en otros tiempos buscaban místicos y santos hoy se ve en el extremismo ecologista, el pacifismo intransigente, las obsesiones por la salud, la alimentación o la armonía corporal; son como parcelas de ilusorio perfeccionismo, anhelantes de paraísos perdidos.

No hay sensibilidad genuina cuando ésta se convierte en una especie de burbuja que nos aísla del contacto con la realidad. La mirada bucólica de la naturaleza es una visión fragmentada; tormentas, volcanes, terremotos, tsunamis, también son fenómenos naturales. Y si estamos fragmentados, nunca tendremos paz, la felicidad no es un recorte de lo real, no es la negación de lo que no nos gusta.

Si busco el amor perfecto, si uso drogas para evadirme, si soy compulsivo con el sexo o el dinero,  será inútil condenar y suprimir mis comportamientos con ideales que supuestamente me harán mejor persona; el único modo de armonizarme surgirá de la aceptación, mirándome como soy, ahí abriré otro camino, una posibilidad de transformación. Este proceso es el mismo a la hora de contemplar  la realidad, el mundo es imperfecto, y nunca cambiará si lo condenamos imaginando situaciones idílicas. Quirón en Piscis nos llevará a reconocer las heridas que portamos como humanidad y como planeta, hacia la sensibilización colectiva de nuestras imperfecciones, de modo que podamos activar nuevas respuestas a través de ese reconocimiento. Necesitamos dejar atrás las ilusiones de perfección inmediata, desencarnada, son heridas que deberemos cerrar para acercarnos a lo que somos, allí descubriremos las semillas de nuevas posibilidades. El amor al prójimo depende de la  inclusión amorosa de nuestras falencias y limitaciones.

Se abre una etapa de profundo aprendizaje para la humanidad, es una oportunidad para darnos cuenta que estamos conectados con todas las manifestaciones de la vida, con todos sus procesos y ciclos, y aunque no podamos abarcarlos totalmente, estaremos cada vez más sensibilizados a lo que sucede, a las consecuencias de nuestros actos, a las posibilidades de interacción global, a la comprensión de los claroscuros de que estamos hechos, a la reflexión y la ayuda en el dolor, a la renuncia y la abnegación. Si podemos mirarnos y reflexionar sobre lo que somos, se abrirán otros niveles de consciencia, con menos disociaciones, menos conflictos, más amorosos y comprensivos. Estaremos entonces acercándonos a la propuesta simbólica de Quirón y Neptuno en Piscis, la unión del Cielo y la Tierra.

Carlos H. Abril 2011.-



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